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Te fuiste, te alejaste...y te vi salir de mi espacio; hoy espacio de luz, que me ciega y me deja vacíos. Te saliste cuando mi mente se perdía en la palabra deseo... Y no vas a volver, porque bien sabes que mis espacios se funden en un estéril lamento de pliegues, de ausencias que no se ven, ni se tocan, ni se escuchan...pero son ilusiones desvaneciéndose constantemente. Mi vértigo plano se vuelve espiral y salto, ahora, hacia aquellos vacíos tuyos, que salpicaron mi pensamiento.

Chaude, enero 2003, E1/3

Entonces, la vida estaba fuera, donde las letras, sin detenerse, se unían para ser palabras y, como los versos del poeta, vivían provocando mis sentidos.

Fue entonces, aunque yo no sabía nada de mi espacio de letras, cuando ellas, las letras, las palabras, se colaron por las rendijas hacían mi espacio. Fue entonces cuando el afuera no tenía otro límite que el mundo mismo...! Y es ahora cuando el tiempo me parece el límite de mi espacio, insignificante espacio para tanto!.

Hoy siento la ausencia y pienso que quizá, aquellas letras, aquellas palabras, viviéndolas, las maté, las asesiné una a una. Quizá nunca sabré donde encontrar los significados de las palabras ausentes!

Chaude, enero 2003, E2/3

En este espacio y dentro de este vacío, ando en trasparencia de tacto, y resigo sus hendiduras y sus fugas; fugas que no sé donde empiezan ni donde terminan. Ya no hay otra mirada, es sin duda el yo quien revuelve a mí... Las líneas se me unen y pequeños pero hinchados pensamientos toman formas plenas como los gemidos en el verso del poeta que, ayer, desnudaron mi clamar.

Luego borraré cualquier indicio que descubriera que, en este espacio de vacíos, están colgadas mis palabras insignificantes, palabras que no saben decir pero que dicen sin grafía.

Chaude, enero 2003, E3/3